jueves, 10 de marzo de 2011

Reseña de uno de los buques hospital durante la guerra de Malvinas: el ARA Q5, el rompehielos "Almirante Irizar"

Rompehielos ARA "Almirante Irizar"

Construido en Finlandia de acuerdo con un contrato firmado en 1975 entre el Director Nacional del Antártico y el Astillero Oy Wärtsila de Helsinski, fue entregado a la Armada Argentina para su tripulación y operación. Buque apto para navegar en regiones polares, realizó hasta el año 2007 las campañas antárticas para relevar personal y abastecer las bases y estaciones destacadas en el continente blanco.
En 1982 participó como buque hospital en la Guerra de Malvinas. Fue condecorado con la medalla por "Operaciones de Combate"; su casco es de color anaranjado y superestructura color crema, colores propios de los buques antárticos.
Es el primer buque que lleva este nombre en la Armada Argentina, en homenaje al destacado marino argentino, Vicealmirante Julián Irizar.


Su historia durante el conflicto.

El buque rompehielos ARA "Almirante Irízar" fue adaptado en los Talleres y Arsenales de la Base Naval de Puerto Belgrano en poco menos de cinco días de trabajos corridos. Las numerosas dificultades que se presentaron para dotar a un buque diseñado como logístico antártico, de todas las capacidades de hospital flotante, fueron eficientemente superadas gracias a la imaginación, voluntad y esfuerzo de las dotaciones del buque y de los talleres generales de la base naval y al conocimiento e iniciativa de los profesionales médicos del Hospital Naval de Puerto Belgrano.
Fueron refaccionados todos los interiores y convertidos en modernas unidades hospitalarias con una capacidad para cientos de camas, interconexiones directas desde las Salas de Recepción y Clasificación de Heridos (triage) con las demás dependencias; dotados de helipuerto y hangar para helicópteros; quirófanos equipados totalmente; laboratorio de análisis clínicos y hemoterapia; sala de rayos y de yesos; terapia intensiva, consultorio odontológico; sala de quemado; servicio de agua potable ilimitado; ventilación y calefacción en todos sus locales, frigoríficos, lavaderos, cocinas, etc.
El 3 de junio estuvo listo a zarpar como buque hospital el Rompehielos ARA "Almirante Irizar”, realizándose su transformación a partir del 1º de Junio en menos de 48 horas, quedando dotado de 260 camas de internación, dos salas de terapia intensiva, dos quirófanos, un quirófano maxilofacial, una sala de terapia Intermedia, dos salas de terapia general, Laboratorio Bioquímico, Sala de Radiología, Sala de Yesos, Laboratorio de Hemoterapia, Sala de Tratamientos Hiperbáricos, Sala de Quemados, Helipuerto y Hangar para dos helicópteros (dos SH-3 Sea King de la Armada) y cuatro lanchas sanitarias.
Al Irizar se le embarcaron, como dotación del hospital, 40 profesionales y técnicos de la salud, entre los que se contaba con 14 médicos, dos odontólogos, dos bioquímicos, un sacerdote y veintiún enfermeros. Sobre la última semana del conflicto embarcaron por helicóptero desde Comodoro Rivadavia, siete civiles voluntarias instrumentadoras quirúrgicas del Ejército, destinadas inicialmente al Hospital Militar de Malvinas, las que, por los avatares del conflicto, permanecieron aportando sus conocimientos y esfuerzos en los quirófanos del Irizar. Se desempeño como Director del Hospital Flotante, el Capitán de Corbeta Medico Roberto Sosa Amaya, secundado por el Capitán de Corbeta Médico Roberto Olmedo.

El “Irizar”

Para el 09 de Junio el “Almirante Irizar” fondeo en la Bahía Groussac, frente mismo a Puerto Argentino, a esta altura del conflicto el inicio de los combates por dominar las alturas de los montes que rodean la ciudad capital de las islas habían comenzado; noche a noche, se luchó encarnizadamente en los Montes Longdon, Two Sisters, Harriet, Williams, Tumbledown, Wireless y Sapper Hill.
Durante esos combates, los mamparos de acero del “Irizar” y los vidrios de los ojos de buey, vibran y se sacudían fuertemente durante horas, desplazando y finalmente haciendo saltar y caer cualquier elemento suelto. El silencio y la oscuridad cerrada de la noche malvinense, quedaba saturada por un ruido ensordecedor e iluminada por las explosiones de las bombas y el color rojo amarillento de la munición trazante de ambos bandos y de tanto en tanto, el encendido de bengalas iluminantes mantenidas en el aire por pequeños paracaídas. Durante esas noches los argentinos dispararon más de 17.000 tiros de artillería y los británicos alrededor de 18.000.
En medio de los combates y desde el muelle del Apostadero Naval Malvinas, los buques auxiliares argentinos como la Goleta "Penélope" y los remolcadores "Monsunen", "Forrest" y "Yehuín", comenzaron a hacer innumerables viajes trayendo hasta el "Irízar", derivados del hospital de Malvinas.
Al llegar a los costados del buque, la tripulación de los buques auxiliares y la del hospital, en medio del movimiento producido por el oleaje, el fuerte viento y la bajísima sensación térmica, el comienzo de las fuertes nevadas invernales, tenía que embarcar, por medio de grandes redes colgadas del costado y el uso de camillas rígidas izadas por grúas, todos los pacientes trasladados, con el peligro latente de que sean atrapados entre los cascos de los dos buques o que cayeran a las aguas congeladas.
Una vez en cubierta principal, mediante camillas, llevarlos rápidamente hasta la Sala de Recepción de Pacientes, donde eran inicialmente identificados tomándoles sus datos personales y militares y los de sus parientes más cercanos, luego eran revisados y derivados a los diferentes niveles de complejidad del sistema asistencial montado a bordo.
Toda esta tarea se complementaba con el embarque de los heridos por medio de helicópteros ambulancia Sea King SH-3 del Irizar, los que pese a las fuertes inclemencias del tiempo, siguieron volando debajo de los límites operativos de la cubierta de vuelo (exceso de viento / falta de luz diurna / baja visibilidad por niebla, etc.), llegando en muchas oportunidades al extremo de volar de noche sin poseer instrumentos para este tipo de vuelo, iluminando la superficie del agua con un proyector de proa de la aeronave. Anavizado y trincado a cubierta, los camilleros bajaban los heridos desde la cubierta de vuelo hasta la Sala de Recepción deslizando las camillas sobre largas planchadas de madera colocadas sobre los peldaños de todas las escaleras metálicas. En estos días finales, los quirófanos del “Irízar” trabajaron sin cesar por más de 72 horas, se habían recibido 420 heridos de toda magnitud en los combates.
Durante estas jornadas de intensos combates y trabajo permanente en las salas de internación, quirófanos y laboratorios del “Irizar”, se tuvo tres contactos directos con el enemigo, en dos ocasiones, entre el 10 y el 13 de Junio, los británicos solicitaron al “Irizar” la provisión de plasma sanguíneo y dosis de morfina para atender a sus heridos graves, cosa que en función de lo especificado en la Convención de Ginebra de 1949, se cumplió de inmediato, entregándole lo solicitado a un helicóptero de la Royal Navy aterrizado en la cubierta de vuelo del rompehielos.
La tercera ocasión ocurrió durante la noche del 13 de Junio, cuando en medio de los combates finales y antes del asalto a los montes Tumbledown, Williams, Sapper Hill y Ponny`s Pass, el Brigadier General Jeremy Moore, Comandante de las fuerzas invasoras, decidió llevar adelante una maniobra de distracción del ataque principal por tierra, simulando un nuevo desembarco desde la Bahía de Puerto Groussac, hacia el mismo Puerto Argentino, de tal forma de dividir las defensas argentinas.
Existen versiones inglesas sobre que, ante esa situación, el “Irizar” iluminó con proyectores de luz los botes de asalto y que luego, abrió fuego graneado sobre los Comandos causándoles grandes bajas. Esa versión no se ajusta a la realidad, resulta que, en su afán de esconderse detrás del buque hasta último momento, los comandos aproximaron los botes de asalto a metros del costado de estribor del rompehielos, quedando dentro de la luminosidad que emanaba desde la superestructura del buque debido a la obligatoriedad como Buque Hospital, de permanecer iluminado “a giorno”, especialmente las cruces rojas de su casco. Estando iluminadas, fueron divisados desde la Punta Argentina (Península de Camber) por los vigías de una compañía del Batallón de Infantería de Marina Nº 3, una sección de tiradores del BIM Nº 2 y una sección del Batallón de Defensa Aérea GADA 601 del Ejercito Argentino, que se habían agrupado y replegado para controlar un posible desembarco por ese sector. Iniciado el asalto final y fuera de la protección del casco del “Irizar”, fueron recibidos con fuego graneado desde tierra, lo que produjo importantes pérdidas humanas y materiales, debiendo la operación, ser abortada. La posición relativa del “Irizar”, prácticamente en la línea de fuego, produjo que gran cantidad de proyectiles trazantes sean vistos picando en proximidades y frente a la proa del buque durante el combate.
Luego de las primeras horas de luz del 14 de Junio, sobrevino un silencio lleno de los ruidos de la naturaleza, que en los últimos días habíamos dejado de escuchar, tapados en todo momento por el ensordecedor combate, nuevamente el viento helado se hacia sentir y se dejaba escuchar, esporádicos tableteo de armas automáticas llegaban de todas direcciones, el final se aproximaba.

El regreso

El “Irizar”, que había zarpado desde Buenos Aires a principios de Noviembre de 1981 y regresando a su apostadero habitual, en los primeros días de Julio de 1982, estando fuera de Dársena Norte más de 250 días (8 meses), habiendo navegado miles de Millas Náuticas, efectuado cientos de horas de vuelo desde sus cubiertas, navegando cientos de horas con sus lanchas, soportado feroces temporales, asumido infinitos riesgos náuticos, navegando a través de campos de hielo, sorteado témpanos avanzando con niebla cerrada, atravesando campos minados, ingresando en pequeños fiordos, aventurándose en áreas pobremente cartografiadas, utilizando fondeaderos de pobrísimo tenedero y superado dificultades operativas extremas.
De esta forma logró superar sin solución de continuidad, una Campaña Antártica, lo que no es poca cosa, y la Guerra de Malvinas, situación casi imposible de justipreciar, donde, mostrando estoicismo permanente, coraje como pocos, gran valor y un profesionalismo ejemplar, adaptaron sus capacidades antárticas y excelente adiestramiento marinero, convirtiéndose a lo largo del conflicto en buque logístico, en Transporte de Tropas y Material Bélico, en Remolcadores, en Estaciones de Radar Móviles, en Hospital, en Transporte de Aeronaves, en Buque Taller, etc.


Por su destacada actuación en este conflicto, la “Bandera de Guerra” y la Tripulación del buque, recibieron la condecoración "Operaciones en Combate", otorgada por el Congreso de la Nación Argentina.

Fuentes: ARA Armada Argentina. www.irizar.org.